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El furor por la ropa de segunda mano nació gracias a un gorro de castor

La pasión por la ropa de segunda mano, por rebuscar en los mercadillos en busca de prendas insólitas o de auténticas gangas muchas veces va más allá de un acto ligado a la moda y a ser cool. A veces, el usar ropa de segunda mano lleva detrás toda una filosofía de vida, un activismo ideológico y un afán por cambiar el curso de la industria de la moda para seguir por el camino de la ecología. Muchas veces es también oponerse a ir todos vestidos iguales, usando ropa de segunda mano nos aseguramos que las piezas que compramos son únicas. Es decir, todo lo contrario a lo que nos ofrece el universo Primark.

Hay un libro titulado From Goodwill to Grunge: A History of Secondhand Styles and Alternative Economies,  de la autora Jennifer Le Zotte, en el que se relata como se inició el fenómeno de la segunda mano; según ella, todo empezó con un simple gorro de castor, de esos que usaban los pioneros y exploradores en el salvaje oeste.

Entorno a 1955, los niños estadounidenses estaban fascinados con la serie de televisión  Davy Crockett: King of the Wild Frontier cuyo protagonista llevaba un gorro de castor como vemos en la imagen. Los niños pedía a sus padres gorros de ese tipo para parecerse a su héroe favorito.

Davy Crockett: King of the Wild Frontier

Así, para satisfacer el deseo de los niños, los grandes almacenes empezaron a fabricar gorros de mapache a partir de abrigos de mapache que tenían en stock. Estos abrigos de mapache fueron muy populares en los años 20 entre la clase media-alta como símbolo de su estatus y crecimiento. Todos los hombres de negocios llevaban su ostentosos abrigos de mapache durante el invierno. El problema es que con el crack de 1929 y la Gran Depresión todo lo que sonaba a lujo empezó a dejarse de lado, nadie quería pasearse con las pieles de los años de bonanza  y ser la encarnación de la caricatura del hombre opulento de la época, siempre con un largo abrigo y un puro en la mano.

Desempolvar esos viejos abrigos de piel de segunda mano no sólo sirvió para que los niños tuvieses sus gorros de mapache fabricados a partir de abrigos de segunda mano; sino que empezó el movimiento de compra-venta de ropa de segunda mano.

Desempolvar estas pieles no solo benefició a los niños con espíritu aventurero, sino que le dio una idea a Sue Salzman, esposa de Stanley Salman, arquitecto acomodado que vivía en Nueva York. Sue empezó a comprar abrigos de mapache en tiendas de caritas para pobres o al  Ejército de Salvación a precios irrisorios. Posteriormente los vendía en su piso anunciándose en la prensa.

Aunque al principio nadie estaba interesado en estas prendas viejas gracias a un artículo en la revista Glamour sobre la iniciativa de los Salman, en el verano de 1957, los abrigos volaron. Ese mismo año Sue vendió mas de 400 abrigos de segunda mano. Abrigos “magníficamente viejos” o “llenos de interesantes agujeros”. Cuanto más usado se veía el abrigo más valor tenía, más historias había vivido. Incluso, en algunos de ellos se podrían encontrar auténticos tesoros. Sue contaba que en un bolsillo de uno de los abrigos encontraron una pistola y en otro una lista de bares clandestinos, abiertos durante la ley seca. Como era de esperar, la reserva de abrigos de segunda mano de mapache llegó a su fin.

Antes de los años 50 la palabra vintage, nacida en el mundo del vino, era solo aplicable a coches y antigüedades; a partir de entonces muchas tiendas de ropa usada se apropiaron de esta denominación. 

Queremos terminar con una frase de la autora de este libro, Le Zotte: “Vestirse voluntariamente de segunda mano sugiere distinción, cultural y económica. Satisface el deseo de ser diferente, de alejarse del consumidor típico e invierte tiempo en el cultivo de la originalidad sin necesidad de utilizar la clase o el privilegio del dinero”

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